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DE LOS ALUMNOS

La formación más elAlumnosemental del niño, del joven, corresponde a los padres, pero en nuestra sociedad, los padres ocupados en sus trabajos cotidianos, parece “no tener tiempo” para educar adecuadamente a sus hijos. Cualquier Sistema Educativo, para ser eficaz, debe tener en cuenta esta circunstancia cada vez más extendida. El niño tiene que aprender todo, y lo primero es que ha nacido en una sociedad organizada a la que debe adaptarse. Esa sociedad se rige por unas normas que el niño tiene que aprender a aceptarlas y cumplirlas, pero para que eso se dé, alguien debe enseñarle y si no lo hace la familia, tendrá que hacerlo la escuela. ¡Ningún Sistema Educativo puede hacer dejación de esta primordial obligación! ¡Esto es lo primero!, es decir, el niño tiene que aprender a ser disciplinado, y es obligación inexcusable de los poderes públicos dotar a los centros educativos de las herramientas necesarias para cumplir la primera de todas sus funciones. La Psicología es clara a este respecto, el aprendizaje se adquiere a través del estímulo, estímulos positivos y negativos; el premio y el castigo son los refuerzos fundamentales del aprendizaje, no hay otros. Todos los seres vivos obramos por respuesta a un estímulo y sin el estímulo no hay ni acción ni aprendizaje. Al profesorado hay que dotarlo de la autoridad que le ha sido arrebatada, para que, desde esa autoridad, pueda reforzar esos estímulos en sus alumnos, fundamentalmente los positivos, pero si no hay más remedio, tendrá que recurrir al castigo. Expulsar a los alumnos del centro temporalmente o definitivamente, no resuelve nada ya que, para la mayoría de los alumnos, estas expulsiones resultan ser más un premio que un castigo, por lo que en realidad suele ser un refuerzo para su mal comportamiento. El castigo debe ser precisamente el contrario, mantenerlo en el centro durante horario no lectivo recibiendo charlas de refuerzo o, simplemente, dedicado a estudio con adecuado asesoramiento que le ayude a aprender técnicas necesarias de asimilación de conocimientos, por lo que hay que dotar a los centros de profesores o mejor psicólogos que se encarguen de estos “castigos” necesarios e imprescindibles. Pero esto cuesta dinero, naturalmente.

Hay que implicar, de forma obligatoria, a las familias para que participen en la formación de sus hijos, pero hay que enseñarlas a ello mediante cursos impartidos por profesorado especializado. Hay que reforzar la relación tutor-padres- alumno, cambiando completamente la filosofía de las tutorías, convirtiendo a estas en el trabajo fundamental de los profesores dedicados a ellas y liberándolos de otras ocupaciones y de ciertas “zarandajas” administrativas. En la Educación Primaria y Secundaria, el tutor debería ser un psicólogo o un profesor altamente especializado… también eso cuesta dinero.

Con lo anterior daría por resuelto el aspecto fundamental de la formación (perdonen mi simplicidad, pero en un artículo sólo se pueden dar pinceladas que ilustren “por dónde deberían ir los tiros”) para pasar a otro supuesto como principio de la calidad de la educación: una enseñanza de calidad, debe darle a cada alumno lo que cada alumno necesita para su desarrollo humano e intelectual. En nombre de un falso progresismo, se ha optado por unas aulas de “todos revueltos” y para paliar los efectos negativos de ese “batiburrillo de capacidades o incapacidades”, han inventado lo de la “atención a la diversidad”. Soy opuesto totalmente a que se clasifique a los alumnos, a que resurjan los famosos “pelotones de los torpes”, a que se creen aulas de élite; pero no puedo estar de acuerdo con que en una misma aula reciban docencia, tanto los que pueden asimilarla, como los que no, por muchas “diversificaciones curriculares que se hagan”. Las aulas deben ser, dentro de la heterogeneidad, lo mas homogéneas posibles para que el profesor pueda hacer avanzar a cada uno con arreglo a sus capacidades. ¿Cuál es entonces la solución?… ¡no puede pasar curso quien no esté preparado para ello!… Así de sencillo. Y, aunque no parezca progresista, hay alumnos que necesitan formarse en grupos especiales, bien por ser superdotados o por lo contrario, por infradotados. Eso es buscar el bien del alumno y hacer avanzar a la sociedad en todos sus aspectos. Ese es el verdadero progresismo.

Hay que cambiar toda la filosofía de la Educación primaria y del primer ciclo de Secundaria, dedicándolo exclusivamente a las materias instrumentales. Hay que cambiar la filosofía del segundo ciclo de Secundaria, dándole mayor peso a las materias instrumentales y repartiendo mejor el resto de materias, sin especializaciones, para que la formación general sea más homogénea. Hay que cambiar la filosofía del bachillerato, implantando tres cursos, haciéndolo fuertemente especializado y con la dureza necesaria para que sólo puedan ir a la Universidad, los que verdaderamente estén preparados para ello. Hay que implantar un nuevo sistema, porque el actual no sirve.

El Sistema Educativo debe ser mucho más progresista que el actual por lo que debe estar basado en la libertad del profesor y en la libertada de los alumnos. Está demostrado en la historia de la enseñanza que la calidad y por lo tanto los resultados, han sido mucho mejores en libertad y sin excesivo intervencionismo del estado, cuyo papel debe quedar relegado a orientaciones básicas encaminadas a conseguir la homogeneidad del sistema educativo en todo el territorio, salvando las diversidades culturales de cada nacionalidad del estado español.

De esas libertades, como alternativa al actual sistema educativo actual, trataré en el próximo artículo.

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