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La desigualdad de los ciudadanos

 

Publicado en el diario Viva Jaén el 28-3-08

Es muy cierto que alguno de los desequilibrios podrían paliarse con una buena acción de gobierno, y eso es lo que todos esperamos de nuestros gobernantes, pero la realidad es que, como alguien dijo hace ya mucho tiempo, “la política es el arte de lo posible” y en política sólo es posible aquello que beneficia al poder; otros dicen, “la caridad empieza por uno mismo”, esto, aplicado a la política, es lo mismo que decir “el bien común empieza por mi propio bien”, lo malo es que en muchos casos, y por desgracia, también termina en su propio bien. ¡Cuidado que no me estoy refiriendo al bien personal!. Aunque muchos denuesten a los políticos, yo creo en la honradez de la mayoría y, aunque las excepciones provocan grandes escándalos, son muy pocos los corruptos y mayoría los íntegros. Al hablar del interés propio, me refiero al interés del poder, en primer lugar, y de su partido en segundo. Sólo los “muy grandes”, y de ellos también hemos tenido ejemplos en nuestra reciente historia, desarrollarán políticas que de forma consciente pongan en peligro su poder o el de su partido, por lo tanto ello pone una gran limitación a la democracia que queda mediatizada por los intereses partidistas que no siempre coinciden con los intereses de los ciudadanos. Intereses partidistas que quedan diluidos ante el pueblo por una hábil utilización de la propaganda que, aprovechando la desinformación, deforman la realidad ante un pueblo crédulo y, en ocasiones, fanatizado por sus mensajes triunfalistas, a veces, catastrofistas, otras, pero que tienen como misión desviar la atención del ciudadano de los verdaderos problemas, cuando no, provocar una situación de enconamiento hacia el adversario, de modo que muchos voten, no por afinidad, sino en contra del otro. No cabe duda que a esto nos lleva el bipartidismo que quieren imponernos con el beneplácito de los grandes medios, tanto de comunicación, como económicos, que ven, en un sistema de dos partidos únicos, un camino más fácil para sus intereses. Pero, ¿es ese el interés del ciudadano?… ¿se siente el ciudadano mejor representado con dos partidos que con varios otros?… ¿eso es lo mejor para la democracia?…

La actual Ley Electoral, consagra la desigualdad de los ciudadanos, de modo que unos están mejor representados que otros. Consagra la desigualdad de los territorios, que por ende unos están mejor representados que otros. Consagra la desigualdad de oportunidades para todos, cargando el peso de las oportunidades en las comunidades más rica, o en las menos pobladas en detrimento de las más pobres o de mayor población.

Veamos, a modo de ejemplo, los resultados electorales del 9 de marzo del 2008 para el Congreso de los Diputados:

Resultados 8-3-2008

Observando la última columna podemos ver que cada diputado del PSOE, representa a 65.471 ciudadanos, pero observen que cada diputado de IU, representa a 481.520 ciudadanos. Las diferencias, no son solamente sensibles, sino abrumadoras. Dicho de otra manera, los ciudadanos que votan al PSOE, “valen” más que los que votan a IU. Los pobres votantes de IU, pesan tan poquito que un escaño soporta a 481.520, por el contrario los que votan PSOE, deben pesar mucho porque los escaños de este partido sólo soporta el peso de la octava parte de ciudadanos. Pero observen, que los más pesados de todos son los del PNV, y es que… los vascos son tan “tíos o tías fortotes y entrados en carnes” que con 50.541, saturan un escaño. No parece justo que CiU, con 774.317 votos obtenga 11 diputados, o que PNV con 303.246 obtenga 6, mientras que con los mismos trescientos y pico mil votos UPyD obtenga 1,  o IU, con 963.040 obtenga sólo dos.

Pero en estas comparaciones no acaba todo, porque, en lo que a representatividad se refiere, no sólo hay discriminación de los votantes según el partido al que voten, las mayores injusticias, los mayores agravios comparativos se producen en la representatividad de los territorios, pero en ese análisis entraremos en la próxima entrega.

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