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Territorios perdedores

Los desequilibrios territoriales: Territorios perdedores

Publicado en el diario Viva Jaén el 27-3-08

El pueblo ha hablado, y, afortunadamente, su dictamen es inapelable. Es la gran conquista por la que hemos luchado durante muchos años todos los demócratas. La soberanía del pueblo es el principal predicamento de la democracia, pero no es el único. Todos sabemos, y a nadie se le escapa, que ningún sistema político es perfecto, pero la vocación humana debe buscar alcanzar esa perfección a la que todos aspiramos en cualquier orden, aunque la perfección sea una quimera y por tanto inalcanzable.

Ya ha pasado la transición política que nos llevó a dotarnos de la democracia de la que hoy gozamos. Nuestro sistema se ha consolidado. La involución, hoy por hoy, es impensable, pero parece que nos hemos dormido en la complacencia de lo conseguido dejando de un lado la lucha por la perfección de nuestro sistema. En esta lucha deberíamos embarcarnos los que sentimos la democracia como algo tan esencial para la convivencia, que se convierte en parte de nosotros, como algo consustancial a nuestra forma de ser y de ver el mundo. Nuestra democracia es muy imperfecta y no nos debemos conformar, tenemos que hacerla avanzar hasta donde las capacidades humanas nos permitan.

Una de las mayores imperfecciones de nuestro sistema es la ley electoral, concebida desde la transición para favorecer a unos en contra de otros. Si eso, en aquel momento era conveniente para evitar ciertas tensiones territoriales, fundamentalmente, aunque también de otra índole, hoy, nuestro sistema electoral es el que las crea, puesto que, por un lado, consagra la desigualdad territorial y por otro, un bipartidismo, por mucho que algunos se empeñen, impropio de una sociedad tan plural, como lo es la española.

Produce tensiones territoriales, porque con nuestro sistema, no sólo ganan o pierden las elecciones los partidos políticos, también las ganan o las pierden los territorios, cosa que nunca debería ocurrir. Hay partidos que han ganado las elecciones y partidos que las han perdido, pero, ¿Quién ha ganado verdaderamente las elecciones?… seguramente Cataluña con sus once diputados de CIU. A ningún observador político se le escapa que lo más probable es que el partido ganador, el PSOE, necesite de los catalanes para la gobernabilidad. ¿Alguien cree que CIU colaborará gratuitamente?… Habrá una factura que nos pasará “Cataluña” (territorio ganador) y ¿quién pagará esa factura?.., está claro que, como siempre, será Andalucía (territorio perdedor). Aunque en el pago de esa factura participen, también, otros territorios, el mayor peso de la misma caerá sobre nuestra tierra. Llegado a este punto, y como todo el mundo sabe que soy andalucista, el argumento, no sólo va a ser puesto en duda, sino que, incluso, va a ser desprestigiado por aquellos a quienes así les interesa, pero no hay nada más sencillo que consultar las estadísticas que son la fuente inequívoca de cualquier estudio serio que se quiera emprender. El resultado de dividir lo invertido en Andalucía por el número de habitantes dan un claro índice, si se compara con otros territorios, de la veracidad de mi afirmación anterior; pero para los que no sean aficionados a estudios estadísticos les puede bastar otros datos totalmente objetivos y de conocimiento casi universal. Los que leen mis artículos habrán observado lo aficionado que soy a lanzar preguntas que dejo para que cada cual se las conteste, tal vez sea deformación profesional, pero las considero un método didáctico muy eficaz, ahí van unas pocas: ¿Por qué Andalucía ocupa el último puesto en todos los indicativos económicos de nuestro país?… ¿Somos los andaluces los más tontos del estado, porque, a pesar de poseer gran riqueza en materias primas, no somos capaces de dotarnos de un sistema de explotación adecuado?… ¿Por qué Andalucía no está adecuadamente articulada dentro de su territorio y hacia el exterior?…

Sí, amigos, así es, Andalucía siempre paga la factura a los territorios que ganan las elecciones. Durante dos siglos siempre hemos sido perdedores, y si no ponemos remedio… ¡lo seguiremos siendo!

En próximas entregas haré un análisis a fondo de nuestra Ley Electoral que provoca estas, y otras muchas, desigualdades territoriales. Veremos la importancia de una buena ley electoral para consagrar los equilibrios entre territorios.

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